Israel, entre la utopía y la autodefensa

04/Jun/2018

Por Ana Jerozolimski (en Facebook)

Israel, entre la utopía y la autodefensa

En el marco de la cobertura periodística,
el cronista no suele señalar a quién vota o de qué lado del mapa político se
encuentra. Menos que menos cuando hay una situación de conflicto que agita los
ánimos y las emociones. Pero como se suele recordar que el gobierno actual es
“el más de derecha y el más nacionalista en la historia de Israel”, dando a
entender implícitamente que por ello no hay paz con los palestinos, decidí
comenzar estas líneas con un pronunciamiento personal.
Ninguno de los partidos que forman la
actual coalición de gobierno en Israel -sí, la más derechista y nacionalista de
su historia- contó jamás con mi voto en ninguna de las elecciones. Ni tampoco
contará con él cuando como ciudadana, tenga que volver a votar. Pero entre eso
y decir “amén” a muchas cosas injustas y falsas que se escriben sobre Israel,
hay un gran trecho.
No son pocas las actitudes y políticas del
gobierno actual que merecen críticas a mi criterio. Pero como no aterricé aquí
cuando Netanyahu asumió el poder, y recuerdo clarísimo los años en los que los
gobiernos eran otros, de centro o centro izquierda (a los que yo sí había votado),
y tampoco con ellos se logró la paz ni el fin del terrorismo, decidí escribir
estas líneas.
Y lo que las motivó fue el editorial
publicado en “El País” de España este domingo 3 de junio bajo el título “Y la
utopía abandonó a Israel”, algunos de cuyos puntos queremos comentar.
-Comienza afirmando que “70 años después de
nacer como un ideal ético colectivo, el Estado hebreo acentúa su perfil
nacionalista y militar con el Gobierno de Netanyahu”. Ni
una palabra sobre el acoso que Israel ha sufrido durante décadas de parte de
sus enemigos, del terrorismo que jamás cesó-salvo una mención al pasar de los
cohetes disparados la última semana desde Gaza a Israel- , un trasfondo más que
relevante cuando se habla del papel del ejército en la sociedad israelí.
Israel no tuvo más remedio que promulgar
una ley de servicio militar obligatorio apenas se creó, y fue la realidad
impuesta por sus enemigos la que convirtió a las Fuerzas de Defensa de Israel
en el ejército más poderoso de la región. De lo contrario, no existiría.
-El autor cuenta sobre una manifestación de
gente de izquierda y pacifistas, según su descripción, en la explanada del
teatro nacional Habima en Tel Aviv, y cómo ultraderechistas calificaban de
traidores a los participantes, a los que les gritaban “¡Marchaos a vivir a
Gaza!”. No hay duda ninguna: en la sociedad israelí hay también extremistas,
ultras, intolerantes, como en toda sociedad del mundo. Y ese “marchaos a Gaza”
que me resulta inaceptable, no es más grave que tildar de fascista o enemigo de
la paz, como ha pasado en incontables ocasiones, a quien, por ejemplo, no
confía en el liderazgo palestino, lo critica y responsabiliza por parte al
menos de la situación actual. O a quien apoya a Netanyahu, el único gobernante
de Oriente Medio electo en forma absolutamente democrática.
– El periodista entrevista en dicha
manifestación a la ex diputada laborista Yael Dayan, quien afirma que “en las
protestas en Gaza ha habido muchos muertos por los disparos de nuestros
soldados”. Es oportuno recordar que de boca de los propios jefes de Hamas se
confirmó el alto porcentaje de sus hombres entre los muertos y el hecho que no
eran “protestas pacíficas”. Hubo numerosos intentos de violar la frontera
internacional, irrumpir a Israel a cometer atentados y de colocar cargas
explosivas junto a la cerca fronteriza. El Coronel británico (retirado) Richard
Kemp, que no es ni israelí ni judío, afirmó ante la propia ONU que ningún
ejército del mundo hace tal esfuerzo para minimizar bajas del otro lado, como
las Fuerzas de Defensa de Israel.
– Yael Dayan también es citada diciendo
“hemos olvidado la historia, los valores del judaísmo” y yo me permito
discrepar con la generalización. Claro que en la coalición de gobierno hay
elementos cuyos pronunciamientos, demasiado asiduamente, me parecen dignos de
condena y rechazo. Hay quienes a mi criterio, trabajan en el Parlamento guiados
por consideraciones religiosas y nacionalistas que no llevan a buen puerto.
Pero Israel continúa siendo un país con una alta escala de valores, que permite
a sus propios enemigos apelar ante su Suprema Corte de Justicia y que atiende
en sus hospitales a judíos y árabes por igual. Eso no sucede en un país en
guerra que ha perdido sus valores sino únicamente en un lugar que sigue
buscando el equilibrio entre lo necesario de su fuerza y sus valores humanos.
-“Mientras la hija del mandatario de EE UU
Ivanka Trump inauguraba en su nombre la legación diplomática de la Ciudad Santa
en un clima de euforia local, los disparos de los francotiradores del Ejército
causaban la muerte de 62 manifestantes ante la valla de separación fronteriza”.
No estaría de más recordar en qué circunstancias y cuántos de esos 62 eran
confirmados terroristas ¿no? O sea, lo dijo el propio Salah Bardawil de Hamas,
recalcando que “la cifra es oficial”.
-El autor recuerda que “las repercusiones
de esta crisis en Gaza han ido más allá de la condena a Israel en foros
internacionales” y da ejemplos de cancelaciones a presentarse en Israel o
rechazo de invitaciones al país, como muestra de lo merecedor de condenas que
es el comportamiento del gobierno: el cantante brasileño Gilberto Gil y la
actriz Natalie Portman, entre otros. Tienen todo el derecho de discrepar. Yo me
permito recordar que han sido muchos más los que sí vinieron o están por venir:
Enrique Iglesias, Backstreet Boys de Gran Bretaña, Pussy Riot de Rusia, Romero
Santos y en las próximas semanas Ringo Starr y Donn Maclean entre otros.
Sea como sea, es oportuno señalar que
cuando hay una cancelación y el BDS celebra, no es por su deseo de mejorar la
situación y que se logre la paz israelo palestina, ya que los boicoteador
es de
dicho marco se oponen a la existencia misma del Estado de Israel.-La nota cita al argentino israelí Meir
Margalit que fue miembro del Concejo Municipal de Jerusalem, Doctorado en
Historia quien partiendo del triunfo de la derecha en 1977 analiza que “Israel
pasó de ser una sociedad humanista a convertirse en una militarista a partir de
la ocupación de 1967”.
Indudablemente, el control militar de los
territorios conquistados en 1967, podrá haber dado cierta profundidad
estratégica a Israel, pero también trajo aparejados fenómenos nocivos que no
hicieron bien a la sociedad israelí. Pero aún apoyando también hoy la idea de
que haya un Estado palestino independiente en parte de dicho territorio,
siempre y cuando pueda convivir en paz y seguridad con Israel, aún convencida
tal cual siempre he estado y sigo estando, de que la separación entre ambos
pueblos es ineludible y clave para Israel, no puedo olvidar que la ocupación
comenzó cuando Israel tuvo que repeler el ataque jordano que trató de evitar. Y
que mucho antes de la compleja situación actual en el terreno, con una
población judía en los asentamientos que no es factible desalojar, al menos no
enteramente, fueron varios los intentos de acuerdo rechazados antes por el
mundo árabe en general y el lado palestino en particular.
-. “Lo pactado en Oslo no tuvo apenas
tiempo de poder aplicarse”, dice Margalit. “Tras el asesinato de Rabin, en
1995, Netanyahu ganó por primera vez unas elecciones y comenzó a desmontar todo
lo que había sido negociado”.
Pues me es ineludible discrepar. Netanyahu
también firmó acuerdos con el entonces jefe palestino Yasser Arafat. El primero
fue el acuerdo de Hebron, suscripto en enero de 1997, en cuyo marco se
determinó la división de la ciudad en dos áreas de poder, entrando la policía
palestina a la parte mayoritaria, de población palestina, mientras el ejército
israelí continuaba a cargo de los enclaves judíos.
En octubre de 1998 también firmó el acuerdo
de Wye Plantation. Claro está que hubo a menudo postergaciones en la
implementación de puntos pactados, pero es imprescindible recordar que las
cosas no surgían del aire y que en el terreno, el terrorismo palestino
(atentados suicidas y de otra índole), continuaba golpeando. Difícilmente se
pueda separar ambas cosas. Entre la firma del acuerdo de Oslo en 1993 y el fin
del año 2000, o sea hasta el estallido de la segunda intifada, hubo más de 60
atentados suicidas.
Aún recordamos claramente una rueda de
prensa en la oficina del Primer Ministro, cuando el cargo lo ocupaba en forma
interina Shimon Peres, después del asesinato de Rabin, antes de las elecciones
en las que ganó Netanyahu. El encuentro había sido convocado por un atentado
suicida cometido esa mañana. Preguntamos a Peres –símbolo de la lucha por el
proceso de paz- si temía que lo sucedido socavara sus probabilidades de
resultar electo y él nos criticó en vivo diciendo “esto es lo último en lo que
hay que pensar en un momento así, cuando hay tantos muertos”. Años después, en
una de las diversas entrevistas que le realizamos, confesó que sí, que
ineludiblemente también él había pensado en eso y tenía claro que el atentado
incidiría negativamente en sus probabilidades de resultar electo.
El terrorismo fortalece a los sectores
percibidos como quienes son capaces de adoptar una línea más dura contra él. Y
más allá de preferencias de cariz religioso, por ejemplo, respecto al control
de los territorios que parte de la población considera el escenario de la
promesa bíblica al pueblo de Israel, lo que movió a la ciudadanía israelí hacia
la derecha, a votar por gobiernos más conservadores, fue ante todo el
terrorismo palestino.
El autor del editorial lo llama “el clima
de violencia visible durante la Segunda Intifada (2000-2005) “, diciendo que
eso “hizo que muchos israelíes dejaran de creer en las propuestas de Oslo”.
Sugiero un término alternativo que
considero más acorde con la situación: no “clima de violencia” sino el
terrorismo por el cual el israelí promedio, en aquellos años, se levantaba
pensando a qué ciudad le tocará hoy la bomba. Recuerdo el horror, el miedo, la
preocupación…y el infierno que vi personalmente en aquel autobús que voló con
una carga explosiva aquel 29 de enero del 2004, matando a 11 civiles y dejando
a numerosos heridos.
-“Los líderes que se alternaron en el poder
en Israel —Barack, Sharon, Ehud Olmert— emprendieron fallidos procesos de
negociación con los palestinos. El actual Ejecutivo, considerado el más
derechista en la historia de Israel, no ha planteado iniciativas de paz”, dice
el editorial. Sí, hubo procesos fallidos, porque tanto Arafat como su sucesor
Mahmud Abbas, rechazaron siempre las propuestas israelíes, una de las cuales,
del entonces Premier laborista Ehud Barak, incluía hasta la división de
Jerusalem.
Y el gobierno actual no ha lanzado nuevos
planes. ¿Acaso el tema son nuevos planes? El tema es sentarse a negociar.
Netanyahu se dijo repetidamente dispuesto a hacerlo pero la Autoridad Palestina
optó por la arena internacional como marco de diálogo, para presionar a Israel.
Es indudable que del gobierno actual los
palestinos sacarán menos concesiones. Claro que el gobierno actual incluye una
gran cantidad de ministros opuestos a la creación de un Estado palestino. ¿Y
qué pasó cuando eran otros los gobiernos y los palestinos siempre optaron por
el “no”?
¿De eso también tiene la culpa el gobierno
“más derechista de la historia de Israel”?.
-El editorial cita al gran escritor Mario
Vargas Llosa, que en los últimos años ha pasado de la legítima discrepancia con
la política israelí, a una demonización del Estado judío, alegando que no es él
quien cambió, sino Israel. Claro que Israel cambió, en algunas cosas para bien
y en otras para mal, como ha sucedido a tantas sociedades modernas que no han
tenido que lidiar con las mismas adversidades con las que tuvo que lidiar
Israel. Así escribe Vargas Llosa: “Un pueblo que había levantado ciudades
modernas y granjas modelo donde solo había desiertos, creado una sociedad
democrática y libre, y en la que un sector muy importante quería verdaderamente
la paz negociada con los palestinos. Ese Israel por desgracia ya no existe.
Ahora es una potencia militar, sin duda, y en cierta forma colonial, que solo
cree en la fuerza”.
Potencia militar, claro que sí, ha tenido
que desarrollar una gran fortaleza militar ya que de lo contrario, su gente
estaría hoy en el mar. Y no señor, no cree “solo en la fuerza”. Porque Israel
es también una potencia tecnológica y científica, con 12 Premios Nobel en sólo
70 años, aunque es un país de sólo 8 millones y medio de habitantes. Es también
una potencia de ayuda humanitaria, cuyo largo brazo ha llegado a los confines
más remotos del planeta para salvar y curar cuando desconocidos de otros lares
lo han necesitado. No, no es una sociedad ideal por ello, no está formada por
ángeles ni santos. No son todos buenos los israelíes, ni les acompaña siempre
la razón. Pero entre los problemas que debe aún corregir y el cuadro que le
pintan sus detractores, hay años luz de distancia.
Quizás alguna utopía sí ha desaparecido.
Creo que la del sueño de los fundadores, de poder ver al Estado judío viviendo
en paz con sus vecinos, algunos de los cuales siguen buscando hoy formas de
dañarle lo más posible. Si esto hubiera comenzado con “el gobierno más
derechista de la historia”, quizás este análisis habría sido otro. Pero
no…comenzó mucho antes….para pesar de todos los israelíes, de derecha, centro e
izquierda…tanto de los que votaron a Netanyahu como de quienes nunca lo
apoyaron.